A Nico se le acaba el crédito de Paco en mitad de la respuesta del examen. Sale a la calle: caña, fiesta, paracaídas, tiburones… y a las cinco horas vuelve corriendo al ordenador.
Las IA de pago y las gratis te dejan mandar un número de mensajes (en realidad, de tokens) cada cierto tiempo: una ventana de unas horas. Cuando la agotas, te toca esperar a que se vuelva a llenar. No es un castigo: es que cada respuesta cuesta dinero de verdad y la empresa reparte lo que tiene entre millones de personas.
Por qué no es infinita
Cada respuesta se calcula en un centro de datos lleno de tarjetas gráficas que valen miles de euros cada una y que gastan electricidad y agua para enfriarse. Las empresas de IA hoy pierden dinero con casi cada usuario; el plan gratis se paga con el de los que pagan. Por eso, cuando mucha gente pregunta a la vez, te toca hacer cola o esperar.
Qué gasta más
No todos los mensajes cuestan igual. Una pregunta corta son unos cientos de tokens. Subir un PDF de 80 páginas, pedir que «piense mucho» antes de contestar o tener una conversación de tres horas abierta (la IA relee toda la conversación con cada mensaje) gasta miles. Los modelos grandes gastan más que los pequeños. De ahí que el límite llegue antes unos días que otros.
Trucos para que te dure
Abre un chat nuevo cuando cambies de tema, en vez de arrastrar uno enorme. Pide las cosas de una vez, con todo el contexto, en vez de en diez mensajes. Usa el modelo rápido para lo fácil y el potente solo para lo que lo necesita. Y si te queda poco, copia lo importante: cuando se cierre la ventana, sigues sin tener la respuesta del examen.
Y si no quieres límites
Hay IA que te bajas al ordenador y funcionan sin internet ni cuota, como contamos en el episodio 8. Son menos listas que las grandes y van tan rápido como tu máquina, pero no se acaban nunca. Cinco horas con tiburones también valen.
