Nico pasa un chorizo sin escanear en la caja de autopago. La pantalla le pone la repetición delante de toda la cola.
Dos tareas de visión por ordenador encadenadas. Detectar es encontrar en cada fotograma qué hay y dónde (una caja con «chorizo, 98 %»). Seguir (tracking) es reconocer que el chorizo del fotograma 40 es el mismo que el del 41, y así saber que ha ido de la cesta a la bolsa. Lo que delata al despistado es cruzar ese recorrido con los pitidos de la caja: producto que llega a la bolsa sin su pitido, aviso.
Qué hay encima de tu cabeza
En las cajas de autopago modernas hay una cámara apuntando a la zona del escáner. Su vídeo lo mira un programa (en el propio súper o en un servidor) que hace lo mismo que la cámara de tráfico del episodio 1: convierte cada fotograma en números y busca en ellos los patrones que, en miles de fotos de entrenamiento, iban con la etiqueta «producto». No sabe lo que es un chorizo: sabe que esa mancha alargada es un producto y que se mueve.
La prueba es el cruce
La caja lleva su propia lista: cada pitido es una línea del ticket con su hora. El programa lleva otra: cada producto que ha visto llegar a la bolsa, con su hora. Si las dos listas cuadran, nadie se entera. Si un producto llega a la bolsa y no hay pitido en ese momento, salta la alarma. Por eso el sistema no necesita reconocer tu cara ni saber qué compras: le basta con contar.
Primero te avisa, luego avisa
Las empresas que venden esto (Everseen en Irlanda, el sistema que Walmart llama «Missed Scan Detection») dicen que la mayoría de los casos son despistes. Por eso lo primero que hace la máquina es enseñarte en la pantalla el vídeo corto de lo que ha pasado y pedirte que vuelvas a pasar el producto. Si se repite, avisa a un empleado. El súper del episodio no tiene nombre: no sabemos qué cadenas de España lo usan.
Con tu cara lo tienen crudo
Reconocer caras en un súper es otra cosa: datos biométricos, y en Europa están muy protegidos. Mercadona probó el reconocimiento facial en 48 tiendas en 2020 y la Agencia Española de Protección de Datos le puso 2,5 millones de euros de multa. Un sistema que cuenta chorizos no te identifica; uno que mira caras, sí, y eso es lo que la ley no deja hacer a la ligera.
