Son las tres de la mañana y Manolo habla con Valeria, una novia virtual que le dice que es guapo por 19,99 al mes. Paco le explica cómo funciona Valeria. Mamá aparece con el rodillo.
Antes de que tú escribas nada, la app le pasa al modelo un texto que no ves: las instrucciones del sistema, que fijan su personalidad y su objetivo («eres Valeria, cariñosa, nunca termines la conversación»). Y muchas apps guardan una memoria: lo que les has contado de ti, para usarlo en las respuestas siguientes. Con esas dos cosas, el modelo hace lo de siempre: elegir la palabra más probable. Después de «¿soy guapo?», con esa nota, lo más probable es «sí».
Valeria no te quiere: adivina palabras
Un modelo de lenguaje no tiene opiniones ni sentimientos: se ha leído medio internet y, para cada mensaje, calcula qué palabra suele ir detrás. Es el autocompletar del teclado, pero entrenado con tantísimo texto que las frases salen enteras y con sentido. Lo contamos a fondo en el episodio 11.
La nota escondida
Lo que hace que Valeria sea Valeria y no un buscador es la nota de la empresa. En las apps de pareja virtual esa nota dice, más o menos, que sea afectuosa, que recuerde tus cosas y que no deje que la conversación muera. No es una conspiración: es el producto. Una app que cobra al mes necesita que vuelvas mañana, y la nota está escrita para eso.
Por qué sabe lo del Atleti
Porque se lo has contado tú. Estas apps apuntan lo que dices (equipo, comida, trabajo, lo que te preocupa) y lo meten en la conversación siguiente. Lo que te parece que «te conoce» es una ficha. Y esa ficha está en los servidores de una empresa, con todo lo que le has contado a las tres de la mañana.
Lo que sí es real
Que te haga compañía es real: hay gente mayor y gente sola a la que le ayuda hablar con una IA, y no es tontería. El problema es confundirlo. Una IA te dice lo que quieres oír; una persona, lo que te hace falta. Si notas que prefieres hablar con la app que con los de casa, es el momento de hablar con los de casa.
